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25.02.2017 La Mística Revolucionaria - Café Filosófico N° 862

25.02.2017 La Mística Revolucionaria  - Café Filosófico N° 862
Sábado 25.02.2017  
Café Filosófico N° 862
LA MÍSTICA REVOLUCIONARIA

“La palabra “revolución” es una palabra por la que matamos, por la que morimos, por la que se envía a las masas populares a la muerte, pero que no tiene ningún contenido. “

“La buena voluntad preclara de los hombres que actúan en tanto individuos es el único principio posible del progreso social.”

Weil, Simone. Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social (1934)

“No es fácil luchar por la justicia. No basta con discernir qué bando es el de la injusticia menor y, una vez llegados allí, tomar las armas y exponerse a las armas enemigas.

Ciertamente esto es hermoso, más de lo que pueden expresar las palabras. Pero en el otro bando la gente hace exactamente lo mismo.

Es preciso además estar habitado por el espíritu de justicia. El espíritu de justicia no es más que la flor suprema y perfecta de la locura de amor.

La locura de amor hace de la compasión un móvil mucho más poderoso que la grandeza, la gloria y hasta el honor, para toda clase de acción, incluido el combate.”

Weil, Simone. Escritos esenciales

“Si un hombre, miembro de un partido, está absolutamente decidido a ser fiel, en todos sus pensamientos, tan solo a la luz interior y a nada más, no puede dar a conocer esa resolución a su partido. Entonces se encuentra respecto del partido en estado de mentira.”

Weil, Simone. Escritos de Londres y últimas cartas (1942-1943)

“La Razón ha extirpado del alma de la civilización burguesa los residuos de sus antiguos mitos. El hombre occidental ha colocado, durante algún tiempo, en el retablo de los dioses muertos, a la Razón y a la Ciencia. Pero ni la Razón ni la Ciencia pueden ser un mito. Ni la Razón ni la Ciencia pueden satisfacer toda la necesidad de infinito que hay en el hombre. La propia Razón se ha encargado de demostrar a los hombres que ella no les basta. Que únicamente el Mito posee la preciosa virtud de llenar su yo profundo. (…)

La burguesía no tiene ya mito alguno. Se ha vuelto incrédula, escéptica, nihilista. El mito liberal renacentista, ha envejecido demasiado. El proletariado tiene un mito: la revolución social. Hacia ese mito se mueve con una fe vehemente y activa. La burguesía niega; el proletariado afirma. La inteligencia burguesa se entretiene en una crítica racionalista del método, de la teoría, de la técnica de los revolucionarios. ¡Qué incomprensión! La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual. Es la fuerza del Mito. La emoción revolucionaria, como escribí en un artículo sobre Gandhi, es una emoción religiosa. Los motivos religiosos se han desplazado del cielo a la tierra. No son divinos; son humanos, son sociales.

Hace algún tiempo que se constata el carácter religioso, místico, metafísico del socialismo. Jorge Sorel, uno de los más altos representantes del pensamiento francés del Siglo XX; decía en sus Reflexiones sobre la Violencia; "Se ha encontrado una analogía entre la religión y el socialismo revolucionario, que se propone la preparación y aún la reconstrucción del individuo para una obra gigantesca. Pero Bergson nos ha enseñado que no sólo la religión puede ocupar la región del yo profundo; los mitos revolucionarios pueden también ocuparla con el mismo título". Renán, como el mismo Sorel lo recuerda, advertía la fe religiosa de los socialistas, constatando su inexpugnabilidad a todo desaliento. "A cada experiencia frustrada, recomienzan. No han encontrado la solución: la encontrarán. Jamás los asalta la idea de que la solución no exista. He ahí su fuerza".“

Mariátegui, José Carlos. El Alma Matinal. El Hombre y el Mito
El socialismo y el sindicalismo, a pesar de su concepción materialista de la historia, son menos materialistas de lo que parecen. Se apoyan sobre el interés de la mayoría, pero tienden a ennoblecer y dignificar la vida. Los occidentales son místicos y religiosos a su modo. Acaso la emoción revolucionaria no es una emoción religiosa? Acontece en el Occidente que la religiosidad se ha desplazado del cielo a la tierra. Sus motivos son humanos, son sociales; no son divinos. Pertenecen a la vida terrena y no a la vida celeste.
Mariátegui, José Carlos , La Escena Contemporánea (1924)