BUHO ROJO - ACTIVIDADES

.

21.01.2017 - ¿CUÁL FUE LA PROPUESTA POLÍTICA DEL FILÓSOFO SALAZAR BONDY - Café Filosófico N° 857

21.01.2017 - ¿CUÁL FUE LA PROPUESTA POLÍTICA DEL FILÓSOFO SALAZAR BONDY - Café Filosófico N° 857

Sábado 21.01.2017 Hora: 19.30 Café Filosófico

¿CUÁL FUE LA PROPUESTA POLÍTICA DEL FILÓSOFO SALAZAR BONDY

a cargo de Ricardo Licla, Filósofo (UNMSM)


LA ENTRADA ES LIBRE Y EL CAFÉ ES GRATIS

Algunos extractos del texto que el expositor ha preparado:

La reflexión política de ASB se inscribe en la tradición socialista occidental (socialismo utópico, anarquismo, marxismo, sindicalismo, social democracia, socialismo cristiano y el progresismo contemporáneo), y tiene como objetivo principal la toma de poder para acabar con la dominación capitalista; por ello, su praxis política en una primera etapa (la vía democrática: el progresismo) sigue el juego democrático de las elecciones, sin éxito, a través del Movimiento Social Progresista (MSP). Posteriormente, en una segunda etapa (vía golpista: el militarismo), es invitado a participar en el proyecto del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada (1968-1975); no obstante, las reformas aplicadas durante este gobierno le resultaron, al parecer, insuficientes. Por ello, en un tercer momento (vía violenta: la revolución permanente) propuso la necesidad de una auténtica violencia revolucionaria de carácter permanente hasta cancelar toda forma de dominación. Sin embargo, me limitaré a exponer solo el tercer momento político de nuestro filósofo sanmarquino…

La vía violenta: la revolución permanente
Claro está que la propuesta política de ASB se inspira en la tradición socialista occidental, que tiene como objetivo la toma de poder para finiquitar con la dominación; por ello, su praxis política en una primera etapa sigue el juego democrático nacional a través del MSP, luego se suma al proyecto del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, pero las medidas de este gobierno, al parecer, le resultaron insuficientes; por ello, su propuesta se radicalizó al sostener la necesidad de una auténtica revolución permanente que apele a la violencia y que implique la cancelación de toda forma de dominación.
En esta última etapa, que se muestra en su Bartolomé o de la dominación, nuestro autor discrepa con las elecciones generales y con la revolución desde arriba y su legitimidad. Sobre el primero afirma:
Los europeos han querido inculcar a mi pueblo la creencia de que para la justicia social basta que los hombres que saben leer y escribir llenen unos papelitos y encarguen a unos pocos todas las gestiones del mando. Las llaman, creo, elecciones generales, aunque no todos intervienen en ella. A nosotros nos parece que ese encargo no legitima nada pues deja a las masas fuera del poder real y más bien bloquea la justificación fundamental y permanente del gobierno que proviene de la participación de todos (Salazar, 1995, p.255).
Sobre el segundo, la revolución desde arriba y su legitimidad, ASB expone un par de dudas y sus respectivas respuestas. La primera duda se centra en el criterio de legitimidad del Gobierno, donde nuestro autor cuestiona: "[…] ¿No estamos expuestos aquí a la arbitrariedad? ¿Quién es el juez de que esos fines se cumplen? […]" (Salazar, 1995, pp. 249-250). Y responde: "No hay arbitrariedad si el pueblo nos respalda al Gobierno y si éste puede probar su razón ante todos aquellos que están dispuestos a juzgarlo en buena conciencia dentro de la revolución" (Salazar, 1995, p.250). La segunda duda es sobre el paternalismo del Gobierno:
un gobierno, según tú, se legitima porque asegura la cancelación de los lazos de dominación y la humanización de todos. ¿No caemos así en un paternalismo peligroso? La comunidad y la persona concreta no tienen iniciativa; esperan todo del poder establecido. Pero la racionalidad completa implica, en cambio, como ya vimos, la participación. En tu idea, todo parece ir de arriba abajo. Esto me inquieta (Salazar, 1995, p.255).
Luego, ASB responde que "[…] la revolución requiere una verdadera participación, una presencia activa y permanente de la comunidad en las acciones de gobierno" (Salazar, 1995, p.255).
De acuerdo a lo afirmado hasta aquí, podemos sostener que estas dudas expresan los reparos que ASB tiene en torno al Gobierno de la Fuerza Armada; sin embargo, siendo consecuente con su compromiso de apoyar, lo justifica, pero eso no limita su anhelo de construir una sociedad realmente humana y libre a partir de una auténtica revolución constante desde las bases; por ello, admite que "La guerra es justa y necesaria cuando es guerra de liberación" (Salazar, 1995, p.217) y agrega que En la guerra la violencia se sufre o se ejerce. Debo reconocer que estoy inclinado a pensar que la negación revolucionaria, en su radicalidad, es irreconciliable con el mundo dominador y tiende a veces a olvidar los derechos del otro. Aunque ésta no sea su meta última, la levadura de la acción revolucionaria es el rechazo total, la ofensiva sin cuartel, la emergencia de poderes sofocados o escondidos que irrumpen casi inconteniblemente: el poder negro, el poder indio, el poder proletario, el poder campesino, el poder joven (Salazar, 1995, p.233).
Según ASB, esta revolución implica seguir toda una estrategia teórico- práctica que garantice la lucha en todos los planos.
Sólo un pluralismo de vías de acción permitirá batir al enemigo en todos los terrenos y construir una nueva humanidad realmente creadora y libre [...] Aquí no solo hay cuestión teórica general sino una cuestión estratégica. Es preciso entrar en el proceso de liberación sabiendo bien cuáles son los riesgos, de qué medios podemos valernos en cada caso y cuáles son las coyunturas claves de la lucha. En esto la ideología cuenta tanto como la acción bélica. El arte del combatiente libertario está en atacar lo fundamental sin descuidar ningún frente ni desaprovechar ninguna fuerza, y en saber librar los combates y aplicar las fuerzas en su debida oportunidad y medida (Salazar, 1995, p.238).
Y, ¿Qué es lo fundamental en la sociedad que el libertario debe atacar sin descuidar los otros frentes? a decir de ASB serían los trabajadores: "En la sociedad los cimientos son los trabajadores" (Salazar, 1995, p.238).
Para que este proceso siga su cauce adecuado y no haya retrocesos en el proceso de transformación social, es imprescindible la revolución constante. "Entonces en toda revolución debe haber siempre una nueva revolución, una revolución constante, para que el pueblo no sea despojado y dominado, para que él sea siempre quien gobierne y no otros" (Salazar, 1995, p.248). Esta "revolución constante" o "mecanismo permanente de autocorrección" garantizará la verdadera democracia a la que se aspira y que se diferencia en mucho del invento griego.
Tras la palabra democracia, los griegos y sus herederos pensaban: "es justo si es para nosotros". En cambio Ernesto, Frans y yo [Bartolomé] pensamos: "si no es justo para otros no es justo para nadie". Esa es la democracia verdadera que queremos realizar, la democracia que no margina a la masa, que pide la participación de todos. Y ella depende siempre del uso que se hace del poder (Salazar, 1995, p.248).
Por otro lado, la legitimidad del poder dentro de esta verdadera democracia se sustenta en la praxis y la liberación de todos.
Si piensas que la legitimidad viene por el modo de ejercer el mando y no por el origen, estaríamos de pleno acuerdo porque orígenes del poder hay muchos y ninguno es garantía permanente de justicia, el mando pervierte. La fuente verdadera es otra: el poder se legitima por sus hechos; cuando ayuda al hombre, suprime totalmente la opresión y la persigue hasta sus raíces, es legítimo (Salazar, 1995, p.249).
Este "orden racional" o "sociedad racional" humanista que pretende construir ASB se fundamenta en tres principios básicos: igualdad, economía y participación.
Sobre "El primero pude formularse así: una sociedad es cabalmente racional si cada quien trata a los otros como él quiere que lo traten a él, es decir, como un fin por sí, como alguien digno de amor y respeto" (Salazar, 1995, p.250).
Sobre el segundo principio, la economía: "Este pide el máximo aprovechamiento humano de los esfuerzos y bienes sociales. Condena el despilfarro y promueve en la sociedad una razón operativa" (Salazar, 1995, p.252).
El último principio complementa el fundamento de la sociedad racional y humanista que busca nuestro filósofo: "Este tercer principio es la garantía de que a nadie va a manipularlo y utilizarlo como una cosa, o sea garantía de humanismo" (Salazar, 1995, p.252).
Además, una sociedad racional será plena siempre y cuando sea universalizable.
La universalización es imposible y la racionalidad no llegará a ser completa si el orden logrado al interior de una nación no puede extenderse a toda la tierra, de tal manera que deje de haber países dominados y dominadores, países miserables y opulentos, naciones siervas y dueños del mundo que pueden condenar al hambre a un pueblo, bloqueando su territorio, cortándolo del resto de la tierra […] (Salazar, 1995, p.254).
ASB concluye reafirmando que la lucha revolucionaria desde el campo es necesaria para lograr la auténtica liberación.
Tenemos la convicción de nuestro propio camino. Sabemos a dónde queremos ir. No olvides, hermano, que la libertad y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificio. Sabemos que tenemos que pagar un precio por el hecho heroico de constituir una vanguardia. Somos únicamente los iniciadores de una gesta nacional que se proyectará por muchos años en el futuro. El presente es de lucha, el futuro es nuestro. ¡Venceremos! (Salazar, 1995, pp.263-264).
Definitivamente, este pasaje muestra la actitud prorevolucionaria de parte de ASB, por ello algunos críticos como Fernando Muñoz (Profesor de Filosofia de la UNMSM). hizo un parangón entre Hatuey (Ernesto) y Abimael Guzmán (Gonzalo); pero nosotros consideramos que esta comparación no es muy exacta3, ya que la propuesta de Guzmán tiene su base ideológica en el marxismo ortodoxo (marxismo, leninismo y maoísmo), en cambio la propuesta de ASB tiene su fu
ndamento en la reinterpretación4 de la tradición socialista (socialismo utópico, anarquismo, marxismo, sindicalismo, social democracia, socialismo cristiano y el progresismo contemporáneo), así como en lo mejor que nos han legado los otros pueblos no occidentales. Sentencia ASB:

Por ello es necesario rechazar la civilización occidental que nos ha sido impuesta como modelo. A partir de esa negación que todo cuestiona, podremos reconstruir nuestra existencia hoy abatida y aprovechar lo que los demás pueblos han creado. Hoy todo esto es estéril o nocivo si no es reinterpretado (Salazar, 1995, p.258). En suma, la construcción de un nuevo orden social universalizable no se limita a seguir algún molde occidental, sino que su realización será producto del cuestionamiento y la reinterpretación de lo mejor que ha creado la humanidad.