Sábado 28.09.2019  19:30

Café Filosófico N° 975

Las contradicciones de la Biblia

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Algunas contradicciones y comentario del filòsofo religioso holandés Baruch Espinoza (1679):

GÉNESIS 1:25-26

“E hizo Dios las bestias de la tierra según su género, y el ganado según su género, y todo lo que se arrastra sobre la tierra según su género. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra”.

GÉNESIS 2:18-19

“Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea. Y el Señor Dios formó de la tierra todo animal del campo y toda ave del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría; y como el hombre llamó a cada ser viviente, ése fue su nombre”.


 

ÉXODO 20:15

“No robarás”.

ÉXODO 3:21-22

“Y daré a este pueblo gracia ante los ojos de los egipcios; sucederá que cuando os vayáis, no os iréis con las manos vacías, sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que vive en su casa objetos de plata, objetos de oro y vestidos; y los pondréis sobre vuestros hijos y sobre vuestras hijas. Así despojaréis a los egipcios”.


 

JUAN 14:27

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.

MATEO 10:34

“No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada”.


 

  1. ¿Pablo estaba inspirado por Dios o escribía su propio criterio humano?
    1. Escribía su propia opinión 1Co 7:12 Y a los demás yo digo,  no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente,  y ella consiente en vivir con él,  no la abandone. (También 1co 7:40 “en mi opinion” γνώμηgnóme; de G1097; conocimiento, i.e. (subj.) opinión, u (obj.) resolución (consejo, consentimiento, etc.):-parecer, propósito, querer, consejo, consentimiento, decisión, juicio.)
    2. Estaba inspirado 2Ti 3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios…
  2. ¿Antes de Cristo ascendió alguien al cielo o no?
    1. NO Jn 3:13  Nadie subió al cielo,  sino el que descendió del cielo;  el Hijo del Hombre,  que está en el cielo
    2. Si 2Re 2:11 Y aconteció que yendo ellos y hablando,  he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos;  y Elías subió al cielo en un torbellino.
  3. ¿El infierno existe o no existe?
    1. No existe -Sal 146:3-4 No confiéis en los príncipes,  Ni en hijo de hombre,  porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento,  y vuelve a la tierra;  En ese mismo día perecen sus pensamientos.
    2. Si existe-Mat 25:41 Entonces dirá también a los de la izquierda:  Apartaos de mí,  malditos,  al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
  4. ¿Jesús es Dios o no?
    1. Jn 20:28  Entonces Tomás respondió y le dijo [a Jesús]: ¡Señor mío,  y Dios mío!
    2. 1Co 8:6 para nosotros,  sin embargo,  sólo hay un Dios,  el Padre,  del cual proceden todas las cosas,  y nosotros somos para él;  y un Señor,  Jesucristo,  por medio del cual son todas las cosas,  y nosotros por medio de él.
    3. Notamos claramente que el primer texto habla de que Jesús es Dios, Sin embargo el segundo hace una separación de Dios y de Jesús dando a entender 2 personas con estatus diferentes. Es imposible que dos personas sean la misma. Es una clara contradicción entre los dos textos.
  5. ¿Que hizo Judas con las 30 piezas de plata, las arrojó en el templo o compró un campo?
    1. Mat 27:5 Y arrojando [Judas] las piezas de plata en el templo,  salió,  y fue y se ahorcó.
    2. Hec 1:18 Este,  pues,  con el salario de su iniquidad adquirió un campo,  y cayendo de cabeza,  se reventó por la mitad,  y todas sus entrañas se derramaron.
  6. ¿Cuáles fueron las últimas palabras de Jesús antes de morir?
    1. Jn 19:30  Cuando Jesús hubo tomado el vinagre,  dijo:  Consumado es.  Y habiendo inclinado la cabeza,  entregó el espíritu.
    2. Luc 23:46 Entonces Jesús,  clamando a gran voz,  dijo:  Padre,  en tus manos encomiendo mi espíritu.  Y habiendo dicho esto,  expiró.
  7. ¿Cuántos eran los hijos de Beth-el y Hai?
    1. Doscientos veintitrés (Esdras 2:28)
    2. Ciento veintitrés (Nehemías 7:32)
  8. Cuando los israelitas estuvieron en Sittim, fornicaron con las hijas de Moab. Dios los azotó con una plaga. ¿Cuántas personas murieron en dicha plaga?
    1. Veinticuatro mil (Números 25:1 y 9)
    2. Veintitrés mil (1 Corintios 10:8)



“Ya es hora, pues, de pasar al segundo punto, es decir, a probar que por los milagros no podemos entender ni la esencia ni la existencia ni la providencia de Dios, sino que, por el contrario, estas cosas se perciben mucho mejor por el orden fijo e inmutable de la naturaleza. Procedo, para ello, de la forma siguiente. Puesto que la existencia de Dios no es conocida por sí misma, debe ser necesariamente demostrada a partir de nociones, cuya verdad sea tan firme e inconcusa, que no pueda existir ni ser concebido poder alguno que pueda cambiarlas. Desde el momento, al menos, que deducimos de ellas la existencia de Dios, deben presentársenos con tales características, si pretendemos con ellas poner fuera de toda duda dicha existencia. Pues, si pudiéramos concebir que esas nociones pudieran ser cambiadas por algún poder, cualquiera que fuera, dudaríamos de su verdad y, por tanto, también de nuestra conclusión, es decir, de la existencia de Dios, y no podríamos estar ciertos jamás de cosa alguna. Por otra parte, sabemos que sólo está acorde con la naturaleza o la contradice aquello que hemos mostrado que está acorde con esos principios o los contradice. De ahí que, si pudiéramos concebir que un poder, cualquiera que fuera, pudiera hacer algo en la naturaleza que la contradijera, contradiría igualmente a esas nociones y debería, por tanto, ser desechado como absurdo; o habría que dudar de las primeras nociones (como acabamos de explicar) y, por consiguiente, de Dios y de todo lo percibido de cualquier modo. Los milagros, en cuanto que por tales se entiende una obra que repugna al orden de la naturaleza, están, pues, tan lejos de mostrarnos la existencia de Dios, que, antes por el contrario, nos harían dudar de ella; sin ellos, en cambio,podemos estar seguros de la existencia divina, con tal que sepamos que todas las cosas de la naturaleza siguen un orden fijo e inmutable.”

“Concluimos, pues, sin restricción alguna, que todo lo que se dice en la Escritura que sucedió realmente, sucedió necesariamente, como todas las cosas, según las leyes de la naturaleza. Y, si se encuentra algo que pueda demostrarse apodícticamente que contradice las leyes de la naturaleza o que no pudo derivarse de ellas, hay que creer firmemente que fue añadido a las Sagradas Escrituras por hombres sacrílegos. Ya que, todo lo que es contra la naturaleza es contra la razón,y lo que es contra la razón es absurdo y por lo mismo también debe ser rechazado.”

“Entre la fe o teología y la filosofía no existe comunicación ni afinidad alguna, cosa que no puede ignorar nadie que haya conocido el objetivo y el fundamento de estas dos facultades, pues se diferencian radicalmente. En efecto, el fin de la filosofía no es otro que la verdad; en cambio,el de la fe, como hemos probado ampliamente, no es otro que la obediencia y la piedad. Por otra parte, los fundamentos de la filosofía son las nociones comunes, y debe extraerlos de la sola naturaleza; en cambio, los fundamentos de la fe son las historias y la lengua, y hay que sacarlos solamente de la Escritura.”

“Es sin duda exacto que hay que interpretar la Escritura por la Escritura, cuando sólo intentamos determinar el sentido de las oraciones y la mente de los profetas; pero, una vez que hemos descubierto su verdadero sentido, es necesario servirse del juicio y la razón para darle nuestro asentimiento. Y si la razón, por más que reclame contra la Escritura, tiene que someterse totalmente a ella, ¿debemos hacerlo, me pregunto, con razón o sin razón y como ciegos? Si lo hacemos sinrazón, obramos neciamente y sin juicio; si con razón, es que aceptamos la Escritura por el solo mandato de la razón y que no la aceptaríamos, si contradijera a ésta.

Yo sé que he leído hace tiempo, en cierto libro, que un hombre, llamado Orlando furioso,solía agitar en el aire cierto monstruo alado y que atravesaba volando todas las regiones que quería; que él sólo mataba cruelmente a un sinnúmero de hombres y gigantes, y otras fantasmagorías por el estilo, totalmente imperceptibles al entendimiento. Ahora bien, yo había leído una historia similar a ésta en Ovidio sobre Perseo; y otra en los libros de los Jueces y de los Reyes sobre Sansón, que degolló, solo y sin armas, a miles de hombres; y sobre Elias, que volaba por los aires y se elevó, finalmente, al cielo en caballos y carro de fuego. Estas historias, repito, son completamente semejantes, y sin embargo damos un juicio muy distinto de cada una de ellas. Pues decimos que el primero no quiso escribir más que cosas divertidas, el segundo cosas políticas y el tercero cosas sagradas; y lo único que nos convence de ello son las distintas opiniones que tenemos de sus escritores. Está claro, pues, que nos es imprescindible tener noticias sobre los autores que escribieron cosas oscuras o imperceptibles al entendimiento si queremos.”

“Yo pregunto: ¿quién puede aceptar algo con la mente, si protesta la razón? Pues, ¿qué es negar algo con la mente, sino que la razón protesta? Por eso nunca puedo admirarme bastante de que pretendan someter la razón, que es el don supremo y la luz divina, a las letras muertas, que la malicia humana ha podido corromper; y de que no se tenga por un crimen hablar indignamente contra lamente, auténtico autógrafo de la palabra de Dios, y defender que está corrompida, ciega y perdida; y que, sin embargo, se tenga por el máximo crimen el pensar todo eso acerca de la letra y de la imagencilla de la palabra divina. Piensan que es piadoso no confiar en la razón y en el propio juicio y que, en cambio, es impío dudar de la fe de aquellos que nos transmitieron los Sagrados Libros. La verdad es que esto es una necedad y no piedad. Porque, yo pregunto: ¿qué les inquieta? ¿Qué temen? ¿O es que la religión y la fe no se pueden defender sin que los hombres se propongan ignorarlo todo y den de lado a la razón? Si realmente lo creen así, más que confiar en la Escritura, la temen. Pero está muy lejos de que la religión y la piedad quieran tener por esclava suya a la razón o la razón a la religión; y muy lejos también de que una y otra no puedan conquistar su reino en concordia mutua.”

ESPINOZA, Baruch, Tratado teológico-polìtico