10.06.2017 La Verdad

 

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Sábado 10/06   Café Filosófico N° 874
LA VERDAD
Algunas citas para la reflexión:

El hombre nada más que desea la verdad en un sentido análogamente limitado: ansía las consecuencias agradables de la verdad, aquellas que mantienen la vida es indiferente al conocimiento puro y sin consecuencias e incluso hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales o destructivos. Y, además, ¿qué sucede con esas convenciones del lenguaje? ¿Son quizá productos del conocimiento, del sentido de la verdad? ¿Concuerdan las designaciones y las cosas? ¿Es el lenguaje la expresión adecuada de todas las realidades?


Solamente mediante el olvidó puede el hombre alguna vez llegar a imaginarse que está en posesión de una «verdad» en el grado que se acaba de señalar. Si no se contenta con la verdad en forma de tautología, es decir, con conchas vacías, entonces trocará continuamente ilusiones por verdades. ¿Qué es una palabra? La reproducción en sonidos de un impulso nervioso. Pero inferir además a partir del impulso nervioso la existencia de una causa fuera de nosotros, es ya el resultado de un uso falso e injustificado del principio de razón.

Friedrich Nietzsche. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral

Antes pudo concebirse la verdad como una especie de cosa acabada aprehensible por un esfuerzo del pensador individual y presentable y comunicable así a los demás. Sócrates ya no suscribe este punto de vista. Es tan imposible, nos dice Platón en la República, implantar la verdad en el alma de un hombre como implantar la facultad de ver en el ciego de nacimiento. La verdad es, por su naturaleza, la criatura del pensamiento dialéctico; no puede ser obtenida, por lo tanto, sino en la constante cooperación de los sujetos en una interrogación y réplica recíprocas. No es un objeto empírico; hay que entenderla como el producto de un acto social.

Ernst Cassirer. Antropología filosófica.


La verdad es de dos géneros, consistiendo o en el descubrimiento de las relaciones de las ideas consideradas como tales, o en la conformidad de nuestras ideas de los objetos con su existencia real.

Es cierto que la primera especie de la verdad no es deseada meramente como verdad y no es la exactitud de nuestras conclusiones la que sólo nos produce placer, pues estas conclusiones son igualmente exactas cuando descubrimos las propiedades de dos cuerpos mediante un par de compases que cuando las conocemos mediante una demostración matemática, y aunque en un caso la prueba sea demostrativa y en el otro sólo sensible, sin embargo, hablando de un modo general, el espíritu asiente con igual seguridad en el uno que en el otro. En las operaciones aritméticas, donde la verdad y la seguridad son de la misma naturaleza que en los más profundos problemas algebraicos, el placer es muy pequeño, si no es que mas bien degenera en pena, lo que es una prueba evidente de que la satisfacción que obtenemos algunas veces del descubrimiento de la verdad no procede de ella meramente como tal, sino tan sólo como dotada de ciertas cualidades.

David Hume. Tratado de la naturaleza humana.


El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y la fuerza, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o la irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica, es un problema puramente escolástico.

Karl Marx, Tesis sobre Feuerbach


CAPÍTULO XXXII
DE LAS IDEAS VERDADERAS Y FALSAS
La verdad y la falsedad pertenecen propiamente a las proposiciones. Aunque, hablando con propiedad, la verdad y la falsedad sólo pertenecen a las proposiciones, sin embargo, frecuentemente se dice de las ideas que son verdaderas o falsas, porque ¿qué palabras hay que no se usen con gran latitud, y con alguna desviación de su significación estricta y propia?, si bien creo, que, cuando se dice de las ideas mismas que son verdaderas o falsas, todavía hay alguna secreta o tácita proposición que es el fundamento de esa manera de decir, como veremos, si examinamos las ocasiones particulares en que acontece que así se las denomine. Encontraremos, en esas ocasiones, alguna clase de afirmación o de negación, que es la razón de aquella denominación. Porque como nuestras ideas no son sino meras apariencias o percepciones en nuestra mente, no más se puede con propiedad y llaneza decir de ellas que son verdaderas o falsas, que pueda decirse de un mero nombre de alguna cosa que es verdadero o falso.

Locke. Ensayo sobre el entendimiento humano


Puesto que la verdad no requiere signo alguno y basta poseer las esencias objetivas de las cosas o, lo que es lo mismo, las ideas de las cosas, para descartar toda duda, resulta que el verdadero método no consiste en buscar el signo por el cual se reconoce la verdad después de la adquisición de las ideas; el verdadero método es el camino por el cual la verdad misma, o las esencias objetivas de las cosas, o sus ideas (todos estos términos significan lo mismo) son buscadas en el orden debido. Por lo demás, el método debe necesariamente tratar del razonamiento y de la intelección; es decir, el método no es el razonamiento mismo por el cual conocemos las causas de las cosas, y menos aún el conocimiento de estas causas; consiste en comprender lo que es una idea verdadera, distinguirla de otras percepciones y estudiar su naturaleza, a fin de llegar a comprender nuestro poder de conocer y obligar a nuestro espíritu a conocer, según esta norma, todo lo que debe ser conocido; trazarle, además, a manera de auxiliares, reglas seguras que le ahorren inútiles fatigas.

Spinoza. Tratado de la reforma del entendimiento